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  • Y mejor, ¿por qué no te callas?

    Y mejor, ¿por qué no te callas?

    Cuántas veces nos habrá pasado encontrarnos diez, quince o veinte veces el mismo contenido repetido en diferentes blogs. Y no hablo ahora de una cuestión de creación de contenidos, que ése es otro tema, sino de la democratización de las fuentes.

    Antes, siempre había publicaciones que tenían acceso a fuentes “privilegiadas” que permitían tener una exclusividad casi monopólica a la hora de compartir, u opinar, sobre contenidos siempre novedosos y sorprendentes.

    Ahora, conseguir la exclusividad sobre un contenido nuevo, se ha convertido en una mera carrera contrarreloj de ser más rápido que el otro a la hora de compartir.

    Campañas de publicidad, marketing, diseño, fotografía, proyectos artísticos… da igual; el recorrido de estos contenidos en la red, si son buenos, es tan rápido que casi da vértigo.

    Evidentemente, con ello se ha conseguido que el contenido compartido tenga muchísima mas relevancia que el blog donde es publicado, perdiendo éste la capacidad de posicionamiento que antes le daban.

    A todos nos han contado que, si quieres destacar en un sector, en mi caso el de la comunicación publicitaria, tienes que crear un blog y hablar, compartir noticias y artículos relacionados con él. Así te convertirás en un referente al que todos acudirán cuando se toque tu tema. ¿Os suena?

    Claro que, de tanto repetir el mismo mantra una y otra vez, lo único que hemos conseguido es que estemos demasiada gente haciendo lo mismo, hablando de lo mismo, y compartiendo exactamente lo mismo. Vamos, que no aportamos nada nuevo bajo el sol, y solo hacemos un molesto zumbido mientras damos vueltas, una y otra vez, sobre la misma mierda.

    ¿Puede este acceso ilimitado, que cualquier usuario tiene al universo de contenidos, hacer del secuestro de novedades una práctica ya obsoleta e incluso molesta?

    Todo esto me ha llevado a hacer una pequeña reflexión, y ya de paso, a una autocrítica personal:

    Cuando no tienes nada que decir, mejor no digas nada.

    Si no, corremos el riesgo de convertirnos en ese amigo bocazas que todos tenemos, que habla de todo, y todo entiende, que solo quiere que dejes de hablar para seguir él con su regurgitación verborréica.

    Quizá haya que flexibilizar los timmings de publicaciones, quizá haya que pensar más en quienes van a leer lo que publicamos y no en nuestro ombligo, y quizá también, haya que redescubrir el valor del silencio en la comunicación.

    El silencio, bien utilizado, comunica. Y mucho.

     

    Foto WickedNox